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La lucha por los derechos de la comunidad LGTBI sigue siendo más necesaria que nunca. En estos últimos años, especialmente durante la pandemia de la Covid-19, nuestra opresión, la desigualdad que sufrimos y las agresiones contra nuestro colectivo han aumentado de forma dramática.

En 70 países del mundo las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo todavía están penalizadas de facto o son ilegales: 11 castigan con la pena de muerte, 26 tienen penas que van desde los 10 años de cárcel a la cadena perpetua. En América Latina, más de 1.300 personas del colectivo LGTBI han sido asesinadas entre 2014-2019. En Estados Unidos, tal y como publicaba la ONG Coalición en Defensa de los Transexuales Negros, el 44% de las lesbianas y el 61% de las mujeres bisexuales han sufrido algún episodio de violación, violencia física o acoso por parte de una pareja íntima, comparado con el 35% de las mujeres heterosexuales.

En el Estado español, en 2019 las denuncias por delitos de homofobia aumentaron un 58% en Barcelona y en 2020 un 15% en toda Catalunya. Según el Observatorio contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia sólo uno de cada cuatro incidentes homófobos se denuncia en la Comunidad de Madrid y en lo que va de año hasta el 11 de marzo de 2021 se han registrado 23 incidentes de odio en la CAM. UGT ha publicado recientemente que cuatro de cada diez mujeres lesbianas han sufrido agresiones en el trabajo y una macroencuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea de mayo de 2020 señalaba que el 50% del colectivo LGTBI evita coger de la mano a su pareja por miedo a agresiones en el Estado español –la cifra llega al 60% en el resto del continente–.

A estos datos hay que sumar el incremento de insultos, acoso y amenazas digitales que con el confinamiento se han disparado: el 40% ha soportado ataques homófobos graves.

Esta barbarie social es parte de la dramática realidad que sufrimos las personas LGTBI bajo este sistema en prácticamente todos los ámbitos de nuestras vidas, especialmente las más golpeadas entre los más oprimidos: las personas trans. Las dificultades que arrastran las personas trans a la hora de encontrar un trabajo, integrarse en su entorno escolar o laboral siguen siendo enormes, la lacra de la prostitución se ha convertido en la única forma de sobrevivir para muchas de ellas y los datos de intentos de suicidio son escalofriantes: más del 80% de los menores y adolescentes trans piensan en quitarse la vida y más del 40% lo intentan.

La extrema derecha, la Iglesia Católica y la moral capitalista

En todo el mundo, las formaciones de extrema derecha han hecho una bandera de su homofobia, machismo y discriminación contra las mujeres y el colectivo LGTBI. Todas ellas, desde el PP y Vox en el Estado español, a Orbán en Hungría, Bolsonaro en Brasil, el ya expresidente Trump en EEUU, el PiS en Polonia… con sus políticas e ideología reaccionaria, perpetúan y alimentan la opresión de todas aquellas personas que no encajamos en “su modelo” de lo que es aceptable según el ideario católico, apostólico y romano. La lista de declaraciones y ataques es muy larga. Insultos, desprecio, terapias de conversión para “curar” la homosexualidad, el pin parental, agresiones por parte de agentes de la policía que quedan totalmente impunes…

De la mano de la derecha y los medios de comunicación está la cúpula de la Iglesia Católica. Una jerarquía que ha sido señalada y acusada de múltiples casos de abusos sexuales contra menores y que aun así se siente con el derecho de criminalizar día sí y día también con total impunidad a las personas del colectivo LGTBI, tratándonos de enfermos y antinaturales, entre otras tantas barbaridades.
Incluso a pesar de la fuertísima campaña de propaganda para presentarnos una “iglesia renovada” o un Papa muy “moderno” respecto a la homosexualidad, la realidad es que es imposible olvidar todas las declaraciones de curas, obispos y cardenales, o incluso del mismo papa Francisco, sobre nosotros y nosotras: “son el diablo”. Son los guardianes de la moral capitalista: la hipocresía y el cinismo absoluto.

Esta es la línea ideológica de una institución que tuvo fuertes lazos con la dictadura pinochetista o la franquista o con sectas que son auténticas bandas violentas contra las personas LGTBI como los llamados grupos de odio antigay estadounidenses.

La lucha revolucionaria es el único camino. ¡Queremos ser lo que somos!

Tras la pandemia por la Covid-19 y la crisis económica y social que vivimos, es más necesario que nunca retomar las tradiciones más combativas del movimiento LGTBI, recordar las revueltas de Stonewall y las movilizaciones contra la opresión sexual durante el franquismo.

Al colectivo LGTBI, que no sólo somos gais, lesbianas, bisexuales, trans… sino también hijos e hijas de la clase obrera, nunca nadie nos ha regalado nada. Si la Ley Trans ha podido ser presentada al Congreso ha sido gracias a la lucha, incansable y muy dura, contra viento y marea, que las personas trans han protagonizado. Igual que con el derecho al aborto, al divorcio o al matrimonio homosexual, todo lo que hemos ganado ha sido gracias a la batalla que hemos dado en las calles.

Pero que hayamos conquistado derechos no significa que, en el día de mañana, la extrema derecha, la Iglesia o la judicatura machista no pretendan arrebatárnoslos. Incluso en muchos países en los que existe una supuesta “protección constitucional” o leyes avanzadas contra la discriminación por orientación o identidad sexual, nuestros derechos y nuestra libertad sexual es vulnerada constantemente. El Estado español es un claro ejemplo de ello.

Necesitamos levantar un movimiento LGTBI revolucionario y anticapitalista para conseguir una asignatura de educación sexual en los centros de estudio, para luchar por la depuración de franquistas y machistas del aparato del Estado, por empleos y sueldos dignos, por una sanidad 100% pública con acceso a la salud mental de calidad, para que el Gobierno de coalición prohíba la violencia extrema que supone la prostitución y se enfrente con el millonario negocio de los proxenetas.

Debemos unir todas estas reivindicaciones a la lucha contra el capitalismo, por construir una nueva sociedad, libre de cualquier tipo de opresión por identidad u orientación sexual, género o raza: una sociedad socialista al servicio de la mayoría, donde todas y todos podamos vivir en genuina libertad y podamos ser quien realmente somos.

Desde el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas animamos a todos y todas a organizar acciones contra la LGTBifobia en nuestros centros de estudio, por eso proponemos algunas acciones reivindicativas para este día:

  1. Hacer fotos con el cartel y subirlas a las redes sociales mencionando nuestras cuentas @sindicaestudian y @librsycombativs y enviarnoslas a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..
  2. Organizar asambleas, actos u otras iniciativas en defensa de los derechos del colectivo LGTBi y grabar vídeos leyendo este manifiesto o cualquier otro texto, poema, canción, etc en defensa de nuestros derechos y enviárnoslo también a través de nuestras redes sociales o email.

¡Por una lucha LGTBI revolucionaria y anticapitalista!

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