Millones de mujeres en todo el mundo nos alzamos contra una realidad de humillación, abuso, violencia y explotación. El masivo movimiento feminista, que en el Estado Español, como en tantos otros lugares, nos ha dejado jornadas históricas como las del 8 de Marzo, forma parte de la respuesta de las oprimidas y oprimidos contra un sistema político y económico que sólo supone miseria para la mayoría.

El papel de la mujer en la lucha de clases

La gran recesión de 2008/09 y los continuos recortes en sanidad, en ayudas a la dependencia, salarios, pensiones o los desahucios, aplicados por los gobiernos capitalistas de todo el mundo, han golpeado duramente a las trabajadoras, redoblando la carga que pesa sobre nuestras espaldas. A la vez ha alimentando la polarización y el giro a la izquierda entre amplios sectores de la clase obrera y la juventud.

En un ambiente de rebelión, de politización y cuestionamiento creciente del sistema, la lucha contra el machismo y por nuestra liberación tiene una envergadura internacional donde las mujeres de la clase obrera juegan un papel absolutamente decisivo. Sólo así se explica su dimensión de masas y su carácter combativo y anticapitalista: el maravilloso movimiento que recibió desafiante a Donald Trump en EEUU y Ele Nao en Brasil, contra los feminicidios en América Latina, por un aborto libre y seguro en Argentina, Polonia o Irlanda.

Recientemente estamos asistiendo a la masiva participación de mujeres pobres las oleadas revolucionarias en Argelia y Sudán, donde se calcula que el 70% del movimiento está formado por mujeres. No es ninguna casualidad. En estos países se aplica la ley islámica de la sharia. Las mujeres están sometidas y carecen de derechos. Por eso, las más oprimidas y golpeadas, en un momento de levantamiento social y revolución, se colocan en la primera línea de lucha.

Nuestro movimiento en el punto de mira de la derecha

Estas movilizaciones han demostrado que un profundo sentimiento anticapitalista late en el seno de nuestro movimiento. Hemos denunciado la justicia machista que nos golpea, unas instituciones burguesas que ejercen la violencia sistémica contra nosotras, hemos señalado a los empresarios que nos pagan menos y nos explotan, hemos dado una fuerte batalla contra el poder que ejerce la Iglesia Católica en todos los ámbitos de nuestra vida.

La clase dominante a nivel internacional ha tomado nota de la demostración de fuerza que hemos protagonizado en las calles y la fuente de inspiración que hemos sido para muchas otras luchas. Por eso han reaccionado con tanta virulencia.

Lo hemos vivido de primera mano en el Estado Español. El bloque reaccionario del PP, Cs y Vox se centra una y otra vez en atacar los derechos de las mujeres en un discurso profundamente machista y misógino que revela el ADN franquista que comparten las tres formaciones.

Por un lado, el PP y Vox han cargado frontalmente contra el derecho al aborto. Hemos tenido que escuchar declaraciones tan macabras como que “los neardentales también lo usaban, lo que pasa es que esperaban a que naciera y, entonces le cortaban la cabeza” de Suárez Illana (PP) o “a los niños de 8 años se les dan cursillos en los que se les dice que tienen que probar a ser niña, y a la niña a ser niño [...]; se les invita a probar nuevas prácticas sexuales” de Rocío Monasterio (Vox). Por otro lado, Ciudadanos y su nueva “fórmula feminista” ha abogado por la explotación y la esclavitud sexual de las mujeres, pidiendo regular y legalizar la prostitución y los vientres de alquiler.

Con esta estrategia de golpearnos o de hacernos creer que todas las mujeres estamos en la misma barricada, todos comparten una única finalidad: poner fin a este movimiento que se ha atrevido a cuestionar las bases del sistema capitalista que tanto defienden.

Feminismo transversal o mujeres que explotan a mujeres

El movimiento de liberación de la mujer está atravesado por un conflicto ideológico entre el feminismo revolucionario y el feminismo del sistema, entre quienes distinguimos entre opresoras y oprimidas y quienes admiten en sus filas a burguesas que explotan a mujeres y hombres.

Los intentos del conocido feminismo transversal de domesticar la lucha del movimiento feminista y desplazar a la clase obrera de la escena, han sido infinitos y no sólo se han llevado a cabo por los partidos de la derecha. La burguesía ha usado sus propias voceras y se ha volcado en esta cuestión. En 2018 ya asistimos a la moda de las ricas feministas, compartida por Ana Patricia Botín, las políticas de Cs o incluso la Reina Letizia; las declaraciones de la multimillonaria Ivanka Trump y su supuesto “feminismo”, el “lado feminista” de la presidenta del FMI Christine Lagarde. Pero también hemos tenido a quienes trataban de disfrazarse de feministas de izquierdas, como Kate Millet y Silvia Federicci, mientras cargaban contra las posiciones del marxismo en la cuestión de la mujer con todo tipo de mentiras y manipulaciones.

Todas ellas, pertenecientes a la burguesía y la pequeña burguesía, han alcanzado o aspiran a ocupar un lugar en la élite acomodada del capitalismo. Defienden sus reglas y no las cuestionan, aunque eso suponga aplastar a la mayoría de las mujeres trabajadoras y jóvenes y a nuestros compañeros de clase. No todas las mujeres estamos en el mismo barco. O, ¿acaso debemos arropar bajo nuestra bandera a la gobernadora republicana que ha dado luz verde a la prohibición del aborto en Alabama o a las mujeres que defienden la España, una grande y libre?

Romper nuestras cadenas, luchar por el socialismo

Las feministas revolucionarias entendemos que la lucha por nuestra emancipación no es sólo una cuestión de género, sino sobre todo, de clase. Y cuando hablamos de clase, nos referimos a la hermandad de todas y todos los explotados por el capitalismo, sin importar el color de nuestra piel o el lugar donde hayamos nacido. Combatir el machismo pasa por cuestionar el régimen capitalista y las instituciones que amparan nuestra opresión, y también la de todos los sectores oprimidos.

Defendemos un feminismo revolucionario y anticapitalista que base su fuerza en las calles, en la organización en nuestros puestos de trabajo y estudio y que ponga en el centro la lucha por nuestra libertad colectiva. Eso pasa por garantizar un puesto de trabajo digno, acceso universal a la sanidad y educación, escuelas infantiles, vivienda pública, garantizar las condiciones materiales para luchar contra la explotación sexual, y confrontar con los grandes poderes económicos que hacen de nuestras cadenas un lucrativo negocio. Nuestra liberación pasa por construir una nueva sociedad, una sociedad socialista donde podremos alcanzar la plena igualdad.

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